Baila
en un local dudoso,
Un
bar, donde el límite entre héroes y villanos se olvida,
Y todos
se vuelven seres humanos.
Todos
los lunes la ves,
Invierno,
otoño o verano.
Esta
bailando en ese palo,
como
una muñeca la cual su vida fue en contra mano.
Esta
desnuda como el primer día,
pero
está completamente vestida.
Por
ellos, sus hijos, la está luchando,
no
tiene más que bailarlo.
“Un
lunes más y me voy”, dice.
Sus
compañeras se ríen con ternura.
Las
fotos de sus hijos la están mirando,
y repite casi convencida:” “Solo un lunes más y me voy”.
Ya
no importa de donde venga el sucio dinero,
sólo
importa que lo paguen en su cuero.
Ya ni
importa de quien venga el cuerpo,
sólo
importa que después paguen su precio.
No
está mirando las caras lascivas,
no
quiere ser tampoco la más bonita.
Se
arrepiente del día en que ya no tuvo más nada,
aunque
en este momento esté sonriendo atormentada.
Porque
carne es carne y no alma,
porque
su espíritu no está encerrado,
porque
sus hijos todavía tienen esperanza,
y
ella vende su cuerpo porque es lo que la tiene encadenada.
“Un
lunes más y me voy”, se dice.
Su
chulo ya ni la escucha.
Su
hijo menor le sonríe en la memoria.
“Sólo
un lunes más y me voy”, sin llorar se
reprocha.
No
tiene otra cosa,
que
un noventa sesenta noventa.
No vende
otra cosa,
porque
es la mercancía que se nota.
¿Cuándo
va a ser el final?
¿Qué
caballero andante la va a querer rescatar?
Si
la puta es puta y puta queda.
Si a
las putas las apedrean.
Nadie
toma la culpa de porqué esa ruta eligió.
Los
hombres ven lo que quieren,
un
recipiente de mujer que solo quieren poseer.
No
importa lo que piensa, ¿quién escucha lo que habla?
Si
no dice sí entonces es pura estafa.
“Un
lunes más y me voy”, repite,
su
hijo mayor no la puede mirar.
Se
parece tanto al padre que no la quiso ayudar,
“ Sólo un
lunes más y me voy”, vuelve a gritar.
¿Quién
te está dando de comer?
¿No
sabés lo que tengo que hacer?
¿Vos
crees que a mí me gusta ese placer?
¿Creés
que seguir sintiendo algo está en mi poder?
Y
baila. Baila sin pensar.
Carne
por dinero y dinero por carne.
A
sus hijos tiene que alimentar.
Desnuda
como el primer día y sin embargo protegida,
por
el recuerdo de una sonrisa del que ya no la mira.
Cierra
el negocio, se tapa hasta que no se puede más.
Un
hombre la observa esa madrugada, casi sin pestañar.
A
las putas se las mata porque no son nada más.
Un
fanático, un problemático que se quedó entre religión y carne.
Ella
camina mientras sus pasos resuenan en el boulevard,
con
su llanto no puede escuchar quién va detrás.
El
hombre espera hasta que entre a su hogar.
Quizá
en el momento que vio el interior se haya sorprendido,
que
la puta en realidad prefería el amor al vino.
Pero
sus ojos que miraban no veían,
Y la
muerte en sus puños ya existía, sin sonido.
“Un
lunes más y me voy”, susurraba ella.
No
estaba escuchando que alguien más había entrado.
Concentrada
en la foto de sus hijos, cortando un almuerzo.
“
Sólo un lunes más y ya me voy”, sonreía al fin.
El
loco vino y la quiso ahorcar,
todo
porque él su precio no había podido pagar.
Y lo
primero que vio ella fue a un niño que no entendía,
como
sus hijos que tampoco la veían.
El
ruido no tardó en llegar y los vecinos casi no querían mirar,
la
puta estaba loca, esa era la explicación,
mato
un tipo y seguro le robó.
Una
mujer de la policía federal la intentó controlar.
Las
manos llenas de sangre del que estaba tirado en la cocina.
“Por
favor, no le digan nada a mis hijos”
“¿No
decirle qué, qué usted es una puta o que mató a un hombre?”
“Un
lunes más y me voy”, le dice al mayor,
entre
rejas por un abogado que no pudo pagar.
Su
alma se defendía pero su cuerpo la traicionaba,
“Sólo
un lunes más y ya me voy”, repite para no perder el vigor.